By 15 septiembre, 2015 Leer más →

Lecciones de supervivencia de la añada 2015, una crónica en Valdemonjas

Alejandro Moyano, cofundador de la bodega Valdemonjas, relata en este artículo algunas de sus experiencias en el viñedo durante la añada 2015. La climatología, los cuidados de la vid o hasta una reflexión sobre el riego en el viñedo los deja por escrito en este artículo.

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El viñedo y al fondo el nuevo edificio de la bodega de Valdemonjas en construcción hacia el momento del desnietado en el mes de julio.

Llevaba tiempo sin querer entrar en el viñedo, unas veces por tiempo, otras por pereza, pero las más por miedo. Estos días lo pateé, primero solo y después con María y Jesús. ¡Qué de sorpresas! Aunque algunas no tanto, algo ya sabíamos sobre la adaptación de la vid al ambiente y disponibilidades. Una regulación maestra, sin sobresaltos.

Todo apuntaba a que el verano sería caluroso, no solo lo fue, sino además con alevosía. Después de las providenciales lluvias de junio, no bajamos de los 30°C hasta prácticamente el 1 de septiembre. En esas condiciones el viñedo se pone al ralentí, a ahorrar agua, aprovecha las horas de la mañana frescas para trabajar y luego sestea… ¡Del Mediterráneo tenía que ser! Las temperaturas nocturnas, en la Ribera del Duero pocas veces por encima de 20°C, ayudaron en algo, permitiendo reponer turgencia por la mañana.

De venir todo muy adelantado, esta puesta al ralentí nos hizo regresar a la normalidad en la maduración, con un envero al inicio de agosto. Pero como cada planta es un mundo, cada una reacciona según su estado, unas soberbias sin inmutarse, otras pasándolo como pueden. Aquí es donde nuestra apuesta por la viticultura individualizada, personalizada tiene su pleno sentido. Dándole a cada planta lo que le corresponde, ella responde dándonos todo lo que puede.

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Vista del viñedo de Valdemonjas durante el aclareo en julio de 2015.

Los aciertos y errores se manifiestan con claridad. La planta no calla si hemos sido demasiado agresivos con el desnietado y te agradece el que le hayas mantenido el sombrado justo para mantener protegidos sus racimos del sol justiciero de este verano. Una viticultura estandarizada en manos de cuadrillas mercenarias, no hubiera permitido obtener el milagro que tenemos en este momento. Racimos homogéneos, de uva pequeña bien es cierto, muy sabrosos incluso en los últimos estados del cambio a tintado.

Reiniciamos el último pase para reajustar y corregir lo que se nos ha pasado, unos días de trabajo exquisito. Otra vez la destreza de Iván y José Ramón ha sido fundamental para evitar que la planta se cargue con racimos indeseados. Nos espera un mes de septiembre crucial, nosotros intentaremos estar listos para una vendimia larga, compleja y selectiva. Tenemos las herramientas óptimas para recibirla, la flexibilidad de nuestro nuevo lagar ha de permitirnos tratar cada tipo de uva como se merezca.

Escucho los improperios que se dicen sobre el riego y veo a mi alrededor las lecturas que se hacen por nuestros lares de las teorías sacadas de Australia o California. Oímos hablar del riego por goteo de las hortalizas de Murcia, de bombas de ósmosis, de fotografías térmicas y nos olvidamos de lo obvio: observar lo que la planta y el medio nos dicen. ¡Que me expliquen por qué los huertos de viñedos regados padecen más el estrés hídrico que los viñedos plantados en los terruños apropiados!

Algún día, alguien entenderá que la política de restringir las zonas de plantación a los terrenos adecuados, como hacen nuestros vecinos, tiene más sentido que las políticas patrias del todo vale, más propias del ladrillazo.

Con la bodega hemos empezado la cuenta atrás, atareados con los trámites burocráticos propios de cualquier final de obra e inicio de actividades, y con los remates finales del nunca acabar. ¡Qué difícil es conseguir que se hagan las cosas bien a la primera!

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Las nuevas instalaciones de Valdemonjas en una prueba de iluminación en el mes de agosto.

 

Valdemonjas

Desde este proyecto familiar indican se basan en valores como la humildad, tradición, compromiso, orgullo y pasión y que nace con la voluntad de resaltar un patrimonio vitivinícola único (Valdemonjas, El Nogal de la Valera).

El punto de partida es el terruño, con una situación privilegiada en la Ribera de Duero. La bodega Valdemonjas apuesta por una viticultura paciente y sostenible – ecológica, por el trabajo respetuoso con la planta y su terruño. El resultado son unos vinos: “El primer beso”, “Entre palabras”, “Los tres dones”, de producción limitada.

 


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Publicado en: A fondo, Opinión, Reportajes

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