Cerca de 500 profesionales y aficionados al vino se dieron cita en Madrid para asistir al primer encuentro de VIR (Viticultores Independientes en Rioja), una jornada de intercambio técnico y cata de 150 referencias que busca poner en valor la figura del viticultor y la identidad de los parajes riojanos frente al mercado global.
El primer encuentro de VIR (Viticultores Independientes en Rioja) tuvo lugar en Madrid, en concreto en el Espacio Jorge Juan y participaron 38 bodegas procedentes de 18 pueblos para mostrar la diversidad de un mismo territorio y reivindicar el trabajo directo en la tierra. El evento reunió a cerca de 500 asistentes a lo largo de la jornada, entre profesionales del sector —enólogos, sumilleres, distribuidores, hosteleros, prensa especializada y otros viticultores— y público general amante del vino. En total, se cataron más de 150 referencias que mostraron la diversidad, el carácter y la identidad de los proyectos participantes.

Un espacio de escucha y reflexión compartida
La jornada, estructurada en un tramo profesional por la mañana y una apertura al público a partir del mediodía, confirmó el interés por conocer de cerca a quienes están detrás de cada vino. Más allá de las cifras, el encuentro destacó por la intensidad del intercambio: preguntas precisas sobre suelos y orientaciones, conversaciones sobre pueblos y parajes concretos, reencuentros entre colegas del sector y nuevos vínculos que empezaron a trazarse copa en mano.
El ambiente estuvo marcado por la cercanía y la profundidad del diálogo. No fue solo una sucesión de catas, sino un espacio de escucha y reflexión compartida. Productores explicando parcela a parcela el origen de sus vinos; profesionales contrastando impresiones; aficionados descubriendo matices y comprendiendo mejor la relación entre territorio y estilo. Durante horas, el foco estuvo puesto en el viñedo y en la figura del viticultor como eje del proyecto.
Durante la jornada, los viticultores leyeron un manifiesto fundacional en el que reivindicaron el viñedo como “la pieza más esencial del alma del vino” y defendieron una forma de entender el territorio basada en el cuidado, la transmisión y el respeto por el paisaje heredado. En el texto, VIR hizo hincapié en su apuesta por una región diversa y plural, donde cada parcela y cada viticultor tenga voz propia, así como su compromiso con un modelo sostenible que garantice la dignidad del trabajo en el campo y el futuro de los pueblos. Afirmaron que “no competimos contra nadie, construimos junto a todos” e insistieron en que el prestigio del territorio no puede desligarse del prestigio de quienes lo trabajan y recordando que “sin viticultores no hay viñedo, y sin viñedo, no hay vino”.



Vocación de continuidad
El balance tras la jornada es el de un proyecto que ha sabido convocar, conectar y generar interés real desde su primera edición, demostrando que cuando el territorio y quienes lo trabajan ocupan el centro, la respuesta es inmediata y reflejando su vocación de continuidad.
Miguel Merino, bodeguero participante y uno de los portavoces de VIR, declara que están “profundamente satisfechos con la acogida que ha tenido este primer encuentro en Madrid”. Y añade que “las 38 bodegas que formamos parte del proyecto hemos sentido un respaldo claro por parte del sector y del público. Este encuentro es la primera de muchas acciones que queremos impulsar para poner en valor el territorio y la figura del viticultor, y para seguir construyendo un espacio de conversación honesta en torno al vino”.