Investigadores de la Universidad de Extremadura reclaman el reconocimiento del vino de pitarra como patrimonio inmaterial en Extremadura para salvaguardar la memoria colectiva frente a las restricciones normativas.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Extremadura ha publicado un exhaustivo estudio en la revista académica RIVAR en el que se reclama el reconocimiento oficial del vino de pitarra como patrimonio cultural inmaterial de la región.

El trabajo, firmado por los profesores Lorenzo Mariano Juárez, David Conde Caballero, Luis López-Lago Ortiz y Borja Rivero Jiménez, denuncia «décadas de olvido institucional» hacia este producto. A través de un trabajo de campo etnográfico realizado en 2024, los investigadores defienden que este vino artesanal, elaborado en tinajas de barro, es mucho más que una bebida: es un «archivo territorial de la memoria colectiva».

Tecnovino- Vino de pitarra, recipientes en bodega

El estudio evidencia que «el vino de pitarra condensa parte de la historia cultural de la vida rural extremeña». A través de un trabajo de campo etnográfico realizado en 2024, que incluye entrevistas a consumidores y el análisis de diversas prácticas sociales, los investigadores documentan cómo este vino «turbio», de fabricación artesanal, ha desempeñado un papel clave en la vida social de los pueblos: como elemento de cohesión comunitaria y de creación de redes sociales, así como en la construcción de la masculinidad en el mundo rural.

Un proceso completamente artesanal

Elaborado en tinajas de barro llamadas «pitarras», a partir de diferentes uvas autóctonas, este vino se caracteriza por su proceso completamente artesanal, su carácter rústico y la ausencia de normatividad, «no encontraremos dos pitarras iguales», subrayan los autores.

El estudio destaca también la vitalidad actual de “las culturas del pitarra”, visible en concursos de productores, catas y nuevas iniciativas que buscan poner en valor este vino tradicional. Asociaciones como la de Pitarreros Veratos (APIVE), con más de 300 socios, organizan eventos anuales que mantienen viva esta tradición y favorecen su transmisión generacional.

Sin embargo, los investigadores alertan de las tensiones entre las formas tradicionales de producción y las exigencias normativas actuales. «La patrimonialización del vino ha chocado en las últimas décadas con discursos que lo definen como un peligro para la salud», explican, señalando que el vino de pitarra sobrevive amparado en su condición de producto artesanal, frecuentemente percibido como más natural y libre de aditivos químicos.

«Un patrimonio arrinconado»

Frente a las postales de paisajes de viñedos que caracterizan otras regiones vinícolas reconocidas por la UNESCO, el vino de pitarra representa «un patrimonio esquinado, arrinconado», elaborado en pequeñas bodegas familiares, a menudo para autoconsumo y con escasa distribución comercial. «La consideración patrimonial de este vino escapa de los intereses económicos, lo que explica en parte su desatención», reconocen los autores, que reivindican su valor como «archivo territorial de la memoria colectiva» y como expresión viva de la identidad rural extremeña.

El estudio del equipo de investigadores de la Universidad de Extremadura concluye que, aunque el vino de pitarra no encaje en los criterios habituales de excelencia patrimonial, el conjunto de técnicas, costumbres y espacios de consumo asociados al vino de pitarra —desde los tradicionales «chatos» en los bares hasta las bodegas familiares— constituye un patrimonio cultural vivo que merece mayor visibilidad, reconocimiento y protección.

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