Una expedición en la DO Rías Baixas recupera botellas de albariño Sketch con más de 15 años de crianza sumergida a 20 metros de profundidad en la ría de Arousa. Raúl Pérez ha rescatado su vino que tras su estancia submarina se abrió para ser acompañado a bordo con buey gallego y alta gastronomía.
Las aguas de las rías gallegas acogen procesos de crianza sumergida pioneros impulsados por el enólogo Raúl Pérez, quien comenzó a sumergir las primeras botellas del albariño Sketch en la ría de Arousa en 2010. Esta metodología aprovecha las condiciones del medio marino para potenciar las propiedades del vino frente a los métodos tradicionales. Elegido dos veces mejor enólogo del mundo, se ha inspirado en una práctica de las rías gallegas, la de las bateas y lo ha trasladado a la enología.
Raúl Pérez explica que «las rías gallegas son el enclave perfecto para la crianza bajo el mar». El especialista sobre este sistema desarrollado en colaboración con las bateas locales añade que «gracias a la continua mecida de las corrientes, la temperatura constante, la oscuridad total y la presión elevada, el vino mejora sus características sensoriales frente a la crianza en bodegas tradicionales».

La evolución del albariño bajo el mar
La extracción de las jaulas metálicas desde una plataforma flotante permite constatar la evolución del vino tras más de 15 años a 20 metros de profundidad. Los expertos destacan que este tipo de vinos experimenta transformaciones notables tanto visuales como en boca y nariz.

Al sacar el producto a la superficie, se comprueba cómo «el albariño ha preservado sus tonalidades más verdosas bajo el fondo del mar», subraya Raúl Pérez. Asimismo, las elaboraciones sometidas a crianza sumergida presentan una mayor complejidad aromática con notas salinas, incrementando su volumen, frescura, sedosidad y armonía durante la cata.
Un viaje gastronómico donde no falta el vino
De la mano de la distribuidora especializada en carnes gallegas Discarlux se ha organizado esta expedición en la ría de Arousa para extraer de las bateas el primer albariño con 15 años de crianza sumergida a 20 metros bajo el mar. El hallazgo se acompaña a bordo con carne de buey gallego preparada por el chef Estrella Michelin Ugo Chan, dentro de una ruta gastronómica de tres días por ganaderías e íconos culinarios de Galicia junto a expertos internacionales.
Raúl Pérez, Ugo Chan y Xosé Portas se han rodeado de otras voces autorizadas del vino y la carne en Europa: Nemanja Borjanovic, propietario del asador IBAI en Londres y de Mountain Valley, la mayor distribuidora de carne gallega de UK; el influencer Toby Inskip (Eating with Todd), 2’5 millones de seguidores en IG; Rodri Méndez, el bodeguero más emergente de Galicia en la actualidad, cuarta generación al frente de Forjas del Salnés (Rías Baixas), bodega con un siglo de historia cuyos vinos lucen en prestigiosos restaurantes nacionales e internacionales; Luis Gutiérrez, catador de la Guía Parker en España; y el presentador Carlos Latre, bon vivant experto en vinos y gastronomía.
Una vez el vino fue descorchado, se acompañó de las chuletas a la parrilla del buey gallego más caro del año, asadas a bordo por el chef Estrella Michelín Ugo Chan. En un tándem irrepetible, se unen por primera vez estas dos joyas de la cultura gastronómica regional: un albariño en crianza sumergida tan único que nunca saldrá a la venta; y la reconocida como “mejor carne del mundo” por respetadas personalidades británicas como el chef Gordon Ramsey y el actor Henry Cavill. “Las chuletas son de un ejemplar vendido esta primavera por más de 14.000 euros, con 90 días de maduración”, explica Xosé Portas, gerente de la distribuidora cárnica Discarlux, Premio de Gastronomía de Galicia 2026.
Aunque este albariño de crianza en la ría de Arousa nunca saldrá la venta, forma parte de la gama de vinos que elabora Raúl Pérez, con una elaboración más tradicional en bodega. Su vino Sketch se produce a partir de uvas albariño procedentes de un viñedo de más de 50 años de antigüedad en la población de Dena, en las Rías Baixas, que se fermenta con levaduras propias pasándose después a barricas muy viejas de 750 litros durante un año y se embotella sin clarificación ni filtración.