El Consorcio de la Ruta del Vino de Rueda y el Consejo Regulador de la D.O. Rueda han presentado su Proyecto de Zonificación de Viñedos, una iniciativa científica que analiza los suelos de 21 municipios para fortalecer la resiliencia vitícola ante el cambio climático.

El Consorcio de la Ruta del Vino de Rueda y el Consejo Regulador de la D.O. Rueda han presentado el Proyecto de Zonificación de Viñedos. Se trata de una iniciativa estratégica diseñada para comprender la estructura y el comportamiento de los suelos de la D.O. Rueda, con el objetivo de avanzar hacia un modelo de viticultura más eficiente, sostenible y resiliente frente a los efectos del cambio climático.

El acto contó con la participación de José Enrique Garzón, creador del Instituto de la Viña y el Vino de la Universidad de León y responsable científico del proyecto; Cristina Solís, gerente de la Ruta del Vino de Rueda; Santiago Mora, director general del Consejo Regulador de la D.O Rueda; y Juancho Asenjo, periodista especializado en vino.

Proyecto de Zonificación de Viñedos de Rueda

La zonificación como estrategia de adaptación climática

Se trata de una iniciativa de la Ruta del Vino de Rueda coordinada por el Consejo Regulador de la D.O. Rueda y enmarcada en el Eje 1 del Plan de Sostenibilidad Turística “Ruta del Vino de Rueda” del Consorcio de la Ruta del Vino de Rueda, sujeto al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia financiado por la Unión Europea con fondos NEXTGENERATION-EU, que cuenta con la etiqueta climática 022 “Adaptación al cambio climático”, lo que implica una contribución del 100% a los objetivos climáticos europeos.

Este proyecto responde a una necesidad clave para el territorio. La Ruta del Vino de Rueda es un destino eminentemente enoturístico cuya identidad, proyección y competitividad dependen directamente de la producción del vino. El cultivo de la vid y la elaboración del vino no solo sostienen la actividad turística, sino que constituyen uno de los pilares fundamentales de la economía local y del desarrollo social del territorio. En este contexto, cualquier afectación a la producción vitícola pondría en riesgo tanto la propia actividad turística, como el bienestar y la cohesión del territorio.

Asimismo, la producción vitícola, como gran parte de la actividad agraria, es especialmente sensible a las perturbaciones medioambientales derivadas del cambio climático. El aumento de temperaturas, los periodos prolongados de sequía, la degradación y desertificación de los suelos o la pérdida de nutrientes representan amenazas reales para el sector. De ahí la importancia de impulsar iniciativas que permitan profundizar en el conocimiento del suelo para anticipar y mitigar estos efectos, desarrollando estrategias de adaptación y fomentando na producción más sostenible. Por este motivo, este proyecto se ha concebido no solo como una herramienta técnica, sino como una forma de proteger el origen de la uva, elemento esencial sin el cual la actividad enoturística no podría existir.

Además, esta iniciativa busca dotar a bodegas, viticultores y agentes turísticos de información eficaz, veraz y científica sobre las características del viñedo, permitiéndoles trasladar ese conocimiento al visitante y enriquecer la experiencia enoturística desde una base rigurosa.

En este contexto, Cristina Solís ha hecho hincapié en que el suelo y el clima son elementos únicos e irrepetibles del territorio. “Conocerlos en profundidad y saber comunicarlos es fundamental para desarrollar una actividad enoturística de valor y de calidad, que conecte al visitante con el verdadero origen del vino”.

Proyecto de Zonificación de Viñedos de Rueda

Metodología y caracterización técnica del viñedo

A través de este proyecto se ha realizado un estudio integral del suelo vitícola mediante más de 100 calicatas distribuidas estratégicamente en 21 municipios del territorio que han permitido analizar en profundidad los distintos horizontes del suelo, identificando su composición (arcilla, caliza, cascajo), estructura, capacidad de drenaje y retención hídrica, así como parámetros físico-químicos y biológicos claves.

A este trabajo de campo se han sumado analíticas de laboratorio que han evaluado parámetros físico-químicos y biológicos como el pH, la conductividad eléctrica, la materia orgánica, los niveles de macro y micronutrientes, la caliza activa o la capacidad de intercambio catiónico.

Resultados obtenidos

Los resultados revelan una elevada variabilidad de suelos, con presencia de depósitos aluviales de cantos rodados del río Duero, capas de arcilla y afloramientos calizos, que configuran una auténtica “huella dactilar” del territorio. Esta diversidad condiciona directamente el comportamiento de la vid y la expresión final del vino, en particular el de la variedad verdejo.

En este contexto, Enrique Garzón, explica que “el suelo es un factor de producción fundamental. Conocerlo en profundidad permite contextualizar el viñedo y favorecer que la uva exprese todo su potencial”. Por ello, el proyecto integra el análisis de campo con estudios de laboratorio y modelización geoestadística, lo que ha permitido elaborar un mapa de zonificación extrapolable a todo el territorio.

Garzón ha concluido que “las calicatas son cortes perpendiculares en el suelo que permiten identificar los distintos horizontes de las zonas vitivinícolas de la D.O. Rueda. A través de su análisis en laboratorio determinamos qué tipos de suelos existen y cuáles son sus características físicas, químicas y biológicas, lo que permite su aprovechamiento por parte de los viticultores”. Y evidenciado el carácter innovador del proyecto: “hemos desarrollado un estudio de vida del suelo que identifica parámetros relacionados con los microorganismos presentes, lo que aporta una información clave para conocer su estado y su valor nutricional dentro del suelo vitivinícola”.