En este artículo de Valdemonjas tratan sobre la importancia de invertir en el viñedo y recogen sus impresiones sobre el trabajo que se realiza en el mismo. «En Valdemonjas pensamos que un proyecto no destaca solo por las ideas de sus fundadores, sino que también sobresale por la aportación de sus colaboradores, como la especialista en viticultura y enología María Alburquerque«.

Tecnovino Valdemonjas invertir en el vinedo 3«La filosofía o el modo de pensar de los fundadores de la bodega Valdemonjas –la familia Moyano-Agüera- llama la atención, ya que ellos han hecho suyo el principio que asegura que para obtener el vino deseado, se comienza por cuidar el viñedo para mejorar la uva», afirma María Alburquerque. Esta especialista en viticultura es ingeniero técnico agrícola y licenciada en enología y tiene una notable experiencia en experimentación e investigación encaminada a la optimización de la calidad de la uva a través de la gestión de diversas técnicas de cultivo.
«La primera visita a Valdemonjas la realizamos a finales de 2013», recuerda la experta. La bodega está formada por el Pago de Valdemonjas que consta de 7,11 hectáreas plantadas en 1998 y una finca en el término de La Horra (Burgos) (0,6 hectáreas con viñas de alrededor de 70 años). El Pago de Valdemonjas está ubicado en el término de Quintanilla de Arriba, en un pequeño barco, vecino natural del viñedo de Vega Sicilia, totalmente aislado por las laderas de la segunda terraza del Duero. Los suelos, formados por los arrastres de los cantiles circundantes, son extraordinariamente heterogéneos. Esto, unido a diferentes grados de desnivel y distintas exposiciones (levante, poniente), da lugar a la existencia de 9 micropagos o terruños muy específicos que se denominan: Balcón, Platea, Palco, Anfiteatro, Gallinero, Butaca, Patio, Galería y Tribuna.
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En aquella primera conversación con el cofundador de Valdemonjas, Alejandro Moyano, Albuquerque explica que «descubrimos que hablábamos el mismo lenguaje». El primer paso fue pensar en cómo actuar lo más rápido posible, ya que para Alejandro el viñedo era un patrimonio muy valioso. «Uno de los principales objetivos que hemos trabajado desde el principio ha sido la diferenciación del terruño, es decir, optimizar el viñedo en cada parte de la finca, ya que un defecto que solemos encontrar en la mayoría de las explotaciones vinícolas es la generalización del manejo del cultivo».
Así, la actuación en la poda fue un punto de partida necesario. En Valdemonjas, cada terroir ya tenía un nombre diferenciado y su orientación productiva estaba perfectamente definida. «Esto también nos ha facilitado la labor», afirma Alburquerque. «Nuestro trabajo consiste en observar meticulosamente y sugerir cómo se debe proceder para conseguir la uva que se quiere obtener, empleando conceptos fundamentales de viticultura, para tomar medidas encaminadas a corregir la posible desviación del fruto, en cuanto a desarrollo y, sobre todo, maduración del mismo. Por encima de todo buscamos el equilibrio del viñedo en cada terruño».
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El suelo, el clima y las técnicas culturales son los factores que condicionan el potencial de desarrollo de un viñedo. A través de ellos, particularmente de las técnicas de cultivo, se debe encauzar el comportamiento de las cepas. Así, según el crecimiento de las plantas y la evolución de la maduración, las operaciones a realizar y la intensidad de las mismas varían en cada parte del viñedo, dependiendo además de la época del año. En este sentido, la experta destaca que «trabajamos mucho en la poda. En principio, la poda en seco es un elemento que permite regular el vigor, es decir, la capacidad de desarrollo del viñedo en su concepto de expresión vegetativo-productiva. Cuando un viñedo se poda muy severamente puede llegar a generar un vigor excesivamente alto, dando lugar a un desequilibrio indeseable».
La poda no es un elemento definitivo y por lo tanto, la practicada en seco debe ser considerada a través de las combinaciones con las operaciones en verde. El control del vigor con vistas a la consecución de uva de calidad no puede ser realizado exclusivamente a través de la poda en seco, la poda en verde puede ser útil para establecer cierta competencia entre los brotes de la cepa, que limiten su desarrollo individual, y después manejar el potencial productivo de dicha cepa hacia la restricción de la cantidad de uva producida. La poda sirve para que el posible exceso de vigor sea controlado con vista a optimizar la relación entre la superficie foliar y la cantidad de uva.
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Las alternativas de control del vigor para situaciones de desequilibrio vegetativo-productivo pasa por el manejo adecuado de operaciones en verde (deshojado, desnietado, aclareo, etc.). Estas intervenciones de carácter anual tienen efectos limitados en el tiempo, por lo que exigen su repetición. A la hora de aplicar estas operaciones hay que tener siempre presente el estado actual de la plantación. Cada una de las operaciones en verde puede acarrear ventajas e inconvenientes en función del estado de la cepa y del objetivo perseguido, por lo que la elección y el criterio para la aplicación de las mismas deben considerarse en función del estado de la planta y de los objetivos productivos y cualitativos deseados.
Según Alburquerque, “en la campaña de 2014 la puesta en marcha de estos principios se tradujo en una mejora efectiva con respecto a la homogeneidad de la uva de dicha añada, medida según parámetros analíticos y valoraciones organolépticas”. Así, la gestión de cada terruño está pensada para conseguir una uva propiciamente adecuada al vino al que está destinado: uva fresca para “El primer beso”, fruta delicada de temprana madurez para el vino “Entre palabras” y frutos intensos, concentrados y explosivos para “Los tres dones”. Realmente, en España son pocos los productores que en la práctica invierten en el viñedo como patrimonio, en muchos de los casos los viticultores se quedan en “buenas palabras pero pocos hechos”, concluye Alburquerque.
 

Valdemonjas

Desde este proyecto familiar indican se basan en valores como la humildad, tradición, compromiso, orgullo y pasión y que nace con la voluntad de resaltar un patrimonio vitivinícola único (Valdemonjas, El Nogal de la Valera).
El punto de partida es el terruño, con una situación privilegiada en la Ribera de Duero. La bodega Valdemonjas apuesta por una viticultura paciente y sostenible – ecológica, por el trabajo respetuoso con la planta y su terruño. El resultado son unos vinos: “El primer beso”, “Entre palabras”, “Los tres dones”, de producción limitada.