El sector vitivinícola español afronta una situación crítica tras la ola de incendios forestales de 2026 y todavía queda verano. Un análisis de su impacto directo, los desafíos en las zonas afectadas y qué se puede hacer para que no afecte a los vinos que se van a elaborar.

La temporada estival de 2026 se ha consolidado como un periodo de extrema dificultad para el campo español. La ola de incendios forestales registrada durante estos meses ha golpeado con dureza al sector vitivinícola, dejando un escenario de incertidumbre en varias de las regiones productoras más emblemáticas del país. Este fenómeno no solo ha afectado al paisaje, sino que ha incidido de manera directa y severa tanto en la operatividad de las explotaciones como en el potencial productivo de la presente campaña.

Tecnovino- impacto incendios España viñedo

Daños en infraestructuras y patrimonio agrícola

El fuego supone un golpe económico añadido para los viticultores y bodegas, más allá de la pérdida de masa vegetal. La recuperación exigirá una inversión significativa en un momento en que la rentabilidad ya se ve tensionada por factores climáticos y geoestratégicos.

La severidad del impacto ha obligado a muchas bodegas y viticultores a replantear sus planes de contingencia, priorizando la seguridad y la salvaguarda de lo que resta de campaña ante una amenaza que ha demostrado ser imprevisible y de gran magnitud. Y no solo ha afectado a nuestro país, en Francia los incendios también ha sido de gran dimensión y han afectado a zonas productoras llegando casi a las puertas de Burdeos.

Desafíos para el desarrollo de la vendimia 2026

El calendario de la vendimia 2026 se ha visto alterado de forma irreversible en las zonas afectadas. El impacto del fuego se manifiesta en dos vertientes principales:

  1. Pérdida directa de cosecha: En las áreas donde las llamas han penetrado en los viñedos, la pérdida de uva es total, comprometiendo el rendimiento final de la zona.
  2. Alteración de la calidad por humo: Incluso en viñedos que no han sido pasto de las llamas, la proximidad de los incendios y la persistencia de columnas de humo generan una preocupación técnica real sobre la calidad organoléptica de la uva, un reto que los enólogos deberán gestionar con precisión durante la vinificación.

Principales zonas afectadas y respuesta del sector

Aunque la evaluación de daños sigue en curso, la severidad del impacto se distribuye de forma desigual por la geografía española, afectando a diversos territorios con tradición vitivinícola. La resiliencia del sector se pone a prueba una vez más, exigiendo una coordinación estrecha entre administraciones y organizaciones agrarias para valorar la magnitud real de las pérdidas y activar los mecanismos de ayuda necesarios.

La Comunidad de Madrid y la de Castilla y León se han visto afectadas. En Madrid de forma directa explotaciones vitivinícolas de la denominación y zonas colindantes con Ávila, hay daños en viñas y bodegas de la subzona de San Martín de Valdeiglesias de la DO Vinos de Madrid. Como aspecto positivo varios viñedos actuaron como barreras naturales cortafuegos frenando el avance de las llamas.

Los incendios en la Sierra de Guadarrama y el entorno de Gredos afectaron parajes limítrofes entre la zona suroeste madrileña y el valle del Tiétar.

La D.O.P. Cebreros (Sierra de Gredos, Ávila) ha sido una de las regiones más golpeadas. Alrededor del 40% de su superficie vitícola inscrita (unas 200 hectáreas) ha quedado comprendida dentro del perímetro de los incendios iniciados a finales de julio. Desde la denominación señalan que «ha sido el municipio donde más hectáreas de viñedo se han visto afectadas por el incendio. Algunas parcelas han resistido a las llamas y desde las alturas resurgen como pequeñas islas verdes. Nos levantaremos, siempre nos levantamos«. La vendimia ha empezado el 1 de agosto.

Efecto humo y adaptación en bodega

Uno de los mayores retos técnicos tras la ola de incendios de 2026 es la gestión del impacto del humo en los viñedos que, aun no habiendo sido alcanzados por las llamas, han estado expuestos de forma prolongada a sus emisiones. Este fenómeno afecta directamente al desarrollo de la vendimia, ya que la presencia de compuestos volátiles puede alterar de manera irreversible el perfil sensorial de los vinos si no se actúa con precisión en la recepción de la uva.

Para trabajar con uva afectada por el humo de un incendio (smoke taint) en la bodega, es fundamental minimizar el contacto del mosto con los hollejos y reducir la extracción de fenoles volátiles. Así para minimizar los daños, las bodegas pueden adaptar sus procesos productivos mediante las siguientes estrategias:

  • Gestión del prensado: Se priorizan ciclos de prensado extremadamente suaves y rápidos para evitar la extracción excesiva de fenoles asociados al humo localizados en el hollejo.
  • Tratamientos específicos: El uso de levaduras seleccionadas y el empleo de carbones activos enológicos se han vuelto herramientas clave para mitigar la presencia de aromas no deseados, como el guayacol.
  • Separación de partidas: Es fundamental realizar una microvinificación o analítica previa de las parcelas más expuestas para evitar la contaminación cruzada en los depósitos generales de la bodega.

Esta capacidad de adaptación técnica será determinante para salvaguardar el valor de la cosecha en un año marcado por la severidad del clima y los siniestros forestales.

El avance de los incendios año tras año subraya la necesidad de profundizar en políticas de gestión forestal y prevención que protejan el viñedo, no solo como motor económico, sino como barrera natural y patrimonio cultural frente al avance de los incendios en las zonas rurales de España.

Y proponemos una lectura interesante de un texto certero de Tao Platón (director técnico de Península Vinicultores) en El País: Solastalgia, el dolor que se siente frente a la destrucción del entorno natural y lo que el fuego deja en la viña.